Cuando te sientes desbordada por las emociones y parece que tienen todo el poder, mirar hacia dentro para trabajar la gestión emocional puede ayudar mucho.

El primer paso de esta gestión es el que consigue que seas consciente y que te ayuda a rebajar el nivel preocupación. Este primer paso tiene mucho componente corporal, así que es interesante que dediques momentos del día para escuchar tu cuerpo y volver a entenderle. El siguiente paso consiste en abrazar el hecho de que estés preocupada (no las causas de la preocupación).

Seguidamente vienen los pasos más difíciles y los que requieren más maestría.

Una vez que has rebajado el nivel de emoción y se ha convertido en algo manejable, se trata de indagar en ti, con cariño y con paciencia explorar las causas profundas de donde sale esa preocupación, poniendo el foco en ti, no en las causas externas. Algunas preguntas que te pueden ayudar son:

¿Por qué me tomo esto así? ¿Cuáles son mis condicionantes personales, los que hacen que me tome esto de esta manera? ¿Tiene que ver con mi educación? ¿Tiene que ver con mis miedos? ¿Por qué tengo miedo a algo que no ha sucedido todavía? ¿Por qué hay tanto rechazo a lo que pueda pasar?

En el paso anterior hablamos de esa necesidad de mirada interior. El último paso tiene más que ver con, mirar la realidad actual con cierta distancia. Este paso es el que requiere más sabiduría y consiste en trabajar el no tomarse las cosas personalmente y vivir con más ecuanimidad, viendo el proceso de una forma más impersonal. A todas nos surgen preocupaciones en nuestra vida, sin embargo, a veces esas preocupaciones pueden estar condicionadas por la personalidad de la persona que la sufre, quizás una personalidad un poco ansiosa o estresada por la situación que está viviendo actualmente. Es interesante en estos casos no permitir que la preocupación te robe la posibilidad de disfrutar de otras cosas que están pasando en tu vida. Hay que tener presente que la vida, es así, con incertidumbres y con buena y mala suerte.

A mi personalmente lo que me ayuda en este caso, es pensar en mi abuela (las abuelas son sabias) y preguntarme ¿Qué me diría mi abuela de esta preocupación? Y tenerlo en cuenta.

Me encantará que me cuentes tus avances y tus dificultades. Te leo y contesto.

 

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